martes, 17 de noviembre de 2015

A PROPÓSITO DE LA VISITA TEATRALIZADA A LAS TABLAS DE DAIMIEL (Página nº 3345)



A pesar de que ya van cuatro ediciones y he participado activamente en algunas de las propuestas programadas en estos cuatro años, ya fueran ponencias, cenas tematizadas o tapeo brujeril, este año era el primero en el que iba a poder disfrutar de la visita teatralizada al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y por tanto llegaba al pasado viernes con enorme expectación.

El mío era el segundo de los turnos, el de las ocho y media de la noche, y por eso allí estaba casi una media hora antes, bien pertrechado contra el frío húmedo con el que nos recibía el humedal, aunque sin viento.

Ninguna de las personas de mi grupo habían asistido antes, por lo que pude entender en el tiempo previo de conversación ni teníamos información previa del contenido de esa visita teatralizada, lo cual evitaba,de paso, que ninguna garganta profunda nos fuera arruinando la sorpresa.

Después, guiados por Carmen, iniciamos el camino por las pasarelas, atravesando las islas, bajo las escasas luces de pequeñas linternas. Yo, que caminada al principio del primero de los grupos, miré hacia atrás y aquella hilera murmuradora marcada por los haces de luz me recordó, vagamente, una "santa compaña" adentrada entre el carrizal. Pero lo verdaderamente maravilloso, lo que ya había hecho merecer de sobra la visita, aún antes de que los distintos personajes aparecieran entre las sombras, fue ese cielo despejado e inmenso con un espectáculo de estrellas que la noche dejaba ver en todo su esplendor.

Ya metidos en el bosque de tarayes, con los sonidos de la noche exacerbando los oídos, asistimos a los diferentes episodios teatralizados que no desvelaré. A mí particularmente me gustaron, aunque pensé que habría una cierta unidad de conjunto. Algunas de las personas allí presentes, al terminar, no se mostraron tan satisfechos, echaron en falta no solo esa cierta unidad de conjunto sino que no fueran precisamente las brujas, dado el evento general protagonista del fin de semana, quienes tomaran el peso de la teatralización. Hoy, incluso, escuchaba en Radio Daimiel que se aludía al comentario de algún participante que había visto insuficiente o poco conseguido ese espectáculo para sacar partido de un espacio como Las Tablas.

Lo que sí digo es que, lo comparto en algo, quizá habría que trabajar un poco más esa teatralización, sacarle un poco más de partido, atendiendo a los comentarios del grupo en el que estuve presente y que si sirve de termómetro de satisfacción quedó algo decepcionado. O acaso fue casual, no lo sé, que allí estuvieran parte de los insatisfechos, siendo yo de los menos críticos.

Desde luego, al terminar, tuve claro que volvería el año próximo, que ese cielo despejado, esa estrella fugaz impresionante que pude ver desde el observatorio, que ese silencio perturbado por los sonidos de la naturaleza y el trabajo de los guías y actores merecían volver, y que siendo esa visita uno de los grandes atractivos de Daimiel, Pueblo de Brujas, para muchos participantes, sobre todos los novatos, sería bueno trabajar la forma de redondear la actividad, introducir variaciones en los temas y conseguir que la satisfacción general sea aún mejor.


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lunes, 16 de noviembre de 2015

EL ALGODÓN NO ENGAÑA (Página nº 3344)

Recordemos al mayordomo del anuncio pasando la prueba del algodón tras haber limpiado una zona con un producto de limpieza:

-¡El algodón no engaña!

Y mostraba la superficie manchada para demostrar que aquel producto no había sido capaz de limpiar adecuadamente antes de usar Tenn y pasar la misma prueba mostrando el algodón intacto.



Desde entonces la frasecita pasó al repertorio popular aplicando la cuestión a otros muchos aspectos, y por eso yo he recurrido a ella como título de esta entrada.

Y es que los semáforos colocados hace pocos meses en las calles Dehesa y Misionero Eusebio Ortega Torres llevan al menos cinco días con las luces en ambar parpadeantes y dicha circunstancia se he revelado como la prueba del algodón de que tales semáforos eran innecesarios mientras los coches no se detuvieran o aparcasen junto a las aceras cercanas a las esquinas de la intersección. Mientras no existen esas infracciones de quienes paran allí la fluidez del tráfico es normal y no encuentra problema alguno para respetar la circulación, favorecer los giros o permitir el paso de los peatones por el paso situado allí.

Pero es que el problema de los que aparcan mal, de los que detienen sus coches para comprar tabaco o cualquier otra cosa, tampoco era resuelto por esos semáforos, con lo cual es evidente que toda la obra realizada y la instalación de dichos semáforos no era imprescindible y que el problema real radicaba en impedir, con vigilancia y sanciones, que se efectuaran dichas detenciones en esas zonas, tal como demuestra la prueba del algodón, y así, si se dice esa otra frase de matar moscas a cañonazos aquí hemos resuelto un problema sencillo a billetazos, con un gasto desproporcionado a la solución del problema.

Y es que en estos días, pasando por allí, y salvo en una ocasión con algún infractor, la circulación no ha tenido problema de ningún tipo.

Es la prueba del algodón...¡que no engaña!


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domingo, 15 de noviembre de 2015

"MARCA ESPAÑA: LAS TABLAS DE DAIMIEL" (Página nº 3343)

Aquí os dejo el audio del programa "Marca España" de Radio Exterior de España  y que se emitió el pasado martes, 10 de noviembre, dedicado al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel:


Tiene una duración de 16 minutos y 34 segundos y aunque nos cuenta algo que ya conocemos es interesante escuchar este acercamiento a nuestro humedal dirigido a los oyentes habituales o eventuales de las emisiones de Radio Exterior.

Y este otro mini-reportaje de algo más de tres minutos por la "Venecia Manchega" que se emitió el jueves, 12 de noviembre, dentro del programa "Aquí la Tierra", aunque con truco porque algunas secuencias con aves diría que corresponde a Navaseca, y es que estos dos o tres últimos años resulta más complicado ver aves dentro del Parque Nacional por algunos episodios de contaminación a veces ocultados y otras negados:



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SIEMPRE HAY ALGUIEN (Página nº 3342)


Normalmente pensamos que todo está bajo control, que hemos desarrollado una autonomía personal suficiente, casi sin hipotecas, que nos permite desenvolvernos con cierta solvencia en la vida. Sin embargo, es cierto, vamos trazando una serie de hilos sentimentales, emotivos, afectivos que terminarán por salvarnos cuando, y es demasiado fácil, algo suceda en nuestras vidas que nos descubre indefensos, vulnerables, necesitados de apoyo, de que nos echen una mano, de que estén ahí incluso para cualquier menudencia aparente pero que, en determinadas situaciones, resultan poco menos que imprescindibles. Y entonces siempre hay alguien, con suerte varios, que siempre están ahí, que se ofrecen, que no escatiman su ayuda en lo que hace falta. Nos desprendemos de esa estúpida arrogancia para percatarnos que una enfermedad, un accidente, un problema, nos coloca en una posición débil, inerme, frágil que nos revela que no hay tal solvencia pero nos descubre que a nuestro alrededor hay casi siempre algunas personas que de inmediato parecen hacerse cargo de la situación y dan un paso al frente.

Posiblemente la soledad sea eso, no encontrar nadie en tu entorno cuando terminas por necesitarlos, no hallar un mínimo resquicio que ayude a afrontar esa situación que te ha ido desarmando.

Cualquier incidencia, por aparentemente leve que sea, y ya no digo si ésta puede catalogarse de mayor gravedad, te enfrenta al conocimiento de tu verdadera vida, de lo que tienes y lo que te rodea, de las personas sobre las que has ido construyendo relaciones de forma casi siempre intuitiva, y que van desde la familia a los contados amigos de verdad, pasando por aquellos otros accidentales, compañeros de trabajo, vecinos, con quienes compartimos aficiones, gustos, etc... Y lo haces porque en posición débil descubres más la relevancia que tienen en tu día a día, lo que terminas por importarles y el peso que todo lo vivido han ido marcando unos lazos intangibles pero muchas veces extremadamente fortalecidos.

Y siempre alcanzas a discernir, entre todos, a aquellos que siempre están ahí, que incondicionalmente quedan a tu lado, que no te perdonarían que dudases de su compromiso hacia ti si creyeras que les estás molestando por aceptar su apoyo, su ayuda, porque solo les mueve el afecto.

Tengo suerte, la verdad, yo he descubierto que tengo personas así muy cerca. Espero siempre poder corresponderles cuando, ojalá nunca suceda, miren a su alrededor. Quiero que puedan encontrarme allí, para lo que haga falta.


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sábado, 14 de noviembre de 2015

HOY... (Página nº 3341)



Hoy hemos dado un paso más hacia el odio, un paso más hacia la intolerancia y la xenofobia, hoy se nos ha enquistado la rabia en el corazón y solo deseamos justicia, castigo para los culpables, dureza contra los criminales y quienes los financias, promueven o toleran, algo razonable, pero sin casi evitar extender la sospecha a todos porque ante el miedo ya no acertamos a distinguir la ignominia de algunos de la inocencia de muchos y tendemos a la tabla rasa.

A mí también me pide la sangre justicia, castigo, dureza, incluso venganza, porque si nadie merece ser asesinado al menos nos consuela saber que quienes mataron deben pagar por sus actos. Pero me da miedo que en esa furia elijamos una bandera, una religión, una etnia, como centro de nuestro odio, como si compartir nacionalidad, religión o raza con los asesinos obligara a cargar con una parte alicuota de la culpa de sus crímenes y nos dejáramos arrastrar por la indiscriminación de responsabilidades.

No se engañen, aquí no hay una posición progre ni buenista, solo la imposición del sentido común como filtro. Frente a los asesinos y sus cómplices toda la dureza de la ley, toda la unión de los países para afrontar este reto contra el terrorismo salvaje, pero sin caer en el engaño de creer que tras cada musulmán hay un asesino o alguien que en el fondo está de acuerdo y se alegra con la acción de esos criminales, porque si no, entonces, estaremos engordando el problema y sumando odios a esa carnicería injustificable.

Y sin embargo, ya ven, pasamos por alto a los verdaderos responsables, países como Arabia Saudí que financian el terror, que lo arma. O países que se echan las manos a la cabeza pero que mueven el rabito con la propia Arabia Saudí y otros países de la zona a cuenta de los intereses económicos y geoestratégicos, O quienes, por interés, falta de control, dejación, permiten que lleguen armas de todo tipo a los grupos terroristas porque el negocio es el negocio y ese prospera siempre entre la miseria humana.

Es cierto, fijamos la vista en los ejecutores, trasladamos la sospecha a los de su raza, religión, procedencia y cultura, pero olvidamos que la partida se juega también a niveles más altos, a veces entre los que salen a dar ruedas de prensa lamentando y condenando los atentados, porque desde sus puestos de poder y con la capacidad real que tienen de control de la información podrían hacer mucho más para reducir los efectos de esta locura yihadista y no lo hacen. Y los asesinados son siempre gente normal, sencilla, inocente, que ignora que las armas puestas en las manos de sus asesinos también tienen la huella de quienes les gobiernan y atienden a intereses que se nos escapan y que, siempre, siempre, quedan fuera del odio, el deseo de venganza y de justicia, porque ya han procurado borrar muy bien el rastro de su cómplice actividad.

Hoy, desgraciadamente, hemos dado un paso más hacia el odio, la intolerancia, la xenofobia, porque necesitamos desahogar la rabia contenida aunque sea indiscriminadamente, pero eso ni nos devolverá a los muertos ni castigará a los culpables, más bien nos envilecerá un poco más como seres humanos mientras algunos de los inductores, directos o indirectos, quedarán impunes y a salvo de la sospecha.



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viernes, 13 de noviembre de 2015

NO TODO VA A SER FOLLAR-2 (Página nº 3340)

Me vais a disculpar el título recogiendo aquella canción del inefable e inimitable Javier Krahe que ya utilicé en Diario Improbable, de ahí el 2. Esta vez nada tiene que ver con el celebrado cantautor que se nos fue sino como referencia a que, en un fin de semana consagrado al ocio como es la celebración de "Daimiel, Pueblo de Brujas" también convivirá una actividad solidaria que nos vuelve la vista a un territorio, pero sobre todo a unas gentes, que viven una situación terrible desde hace décadas. Me refiero al pueblo saharaui.

No es que el devenir colonialista español por aquellas tierras fuera ejemplar, ni mucho menos, pero lo que podría haber sido el nacimiento de una nación independiente terminó por convertirse en otra ocupación territorial que aún hacía peor el futuro de unas gentes que, desde entonces, han venido sufriendo el aislamiento y la persecución, pero sobre todo la incomprensión más absoluta a nivel internacional. Y no es que se ignore su situación, pues si eso fuera así hasta podríamos hacer algo más entendible, aunque igualmente condenable, el posicionamiento internacional hacia el pueblo saharaui. No, no es la ignorancia de la situación sino, mucho peor, el plegamiento a los intereses geoestratégicos y económicos de potencias como Francia y EEUU que han convertido a Marruecos en un aliado perfectamente mimado y que ha terminado por relegar cualquier posibilidad de justicia con el pueblo saharaui. De nuevo las personas terminan sufriendo el desprecio a su situación, absolutatamente conocido, en virtud de unos intereses que comparativamente son despreciables.

Mientras tanto, como sucedíó hace unas semanas, hasta la naturaleza se ceba con inundaciones que en otro ámbito, en otro lugar, habrían sido fuertemente publicitadas, No digo ya comparadas con las inundaciones de hace unos días en las zonas costeras españolas, que por aquello de la territorialidad propia puedan interesar y conmovernos más, sino con las ocurridas en la zona de París, o en cualquiera de los huracanes de la costa este norteamericana. Es evidente que las dimensiones de lo acontecido en el Sahel (y en otros países africanos igualmente ignorados), asolado por las inundaciones, apenas han tenido repercusión ni cobertura informativa y si nos ha llegado más ha sido por la mucha gente comprometida con esas gentes a través del asociacionismo, la labor solidaria y el trabajo cercano a esa realidad. Es triste pero el silencio informativo, apenas un eco para lo dedicado a situaciones similares, condena al pueblo saharaui a la consideración de ciudadanos de cuarta categoría, redoblando el escarnio y abandono al que se ven sometidos ya tantos años.

Por eso conviene no despistarse con el disfrute del ocio que nos ofrece la enorme iniciativa local del fin de semana brujeril porque no todo va a ser follar, porque también hay que volver los ojos a esta otra iniciativa que viene actuando en estos días pero que tiene su actividad informativa y sensibilizadora principal estos próximos días en la Plaza de España. Y es que ya no es un tema de deuda con ellos, es una cuestión básica de humanidad y de sentido solidario con personas que lo están pasando realmente mal y a quienes todos parecen dar la espalda en la comunidad internacional.

Espero y deseo que Daimiel esté ahí, a la altura de las circunstancias de una localidad amiga de la infancia (muchos de los que sufren son niños) y ciudad acogedora durante los meses de estío de chavales que ahora conviven con esa tragedia acentuada por la meteorología que castigaba, tras una gran sequía, con las mencionadas inundaciones.



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