martes, 9 de agosto de 2022

PONGAMOS QUE HABLO DE...DAIMIEL (Página nº 3095)

Si nos podemos alejar un rato de la política y su cacareo innecesario a base del argumentario oficial para que sus cargos no tengan que pensar demasiado y solo papagayén con desmesura lo cierto es que, desde hace mucho más tiempo del que puedo recordar, van siendo necesarias medidas de control energético que, en definitiva, no son otra cosa que hacer de este mundo un sitio razonable, sostenible, cuidadoso y conservacionista. Y no, no lo esperen de los políticos, porque ahora aprieta la urgencia de hacer algo pero no existe convicción, no creen en sus propias medidas, y eso las que las toman que los otros, por aquello de oponerse siempre, no es que no crean es que se oponen o directamente niegan que sean siquiera necesarias fuera del sesgo politiquero y miserable que si gobernaran las tomarían igual pero que como calientan banquillo pues las demonizan.

Llevo 9 días poniendo el aire acondicionado a 27 grados, más que nada por criticar teniendo la experiencia. No sé lo que ahorraré porque con esta locura tarifaria al pagano que soy no le sirve comparar tiempos porque no se mantienen precios y por lo tanto sé que algo bajará mi factura pero poco más. Lo que sí puedo decir es que me va bien aunque tarde unos minutos más en refrigerar la habitación pero, y es evidente, pasado ese tiempo la temperatura que alcanza el espacio refrigerado es fresca y agradable respecto a la que tenía antes de encender el aparato.

Hablo de una vivienda pero entiendo que otro tipo de espacio, si los aparatos de refrigeración funcionan adecuadamente, obtendrán el mismo o parecido resultado aunque tarde algo más de tiempo, y además pueden valerse de una normativa que flexibiliza topes en función del tipo de trabajo que se esté realizando. Y desde luego muchísimo mejor que si se carece de dicha refrigeración, que a veces sucede, y que viví, por ejemplo, en un reciente viaje al País Vasco, en un área de servicio donde el golpe de calor lo recibimos al entrar del exterior al interior ( y recuerdo que en la calle mi coche marcaba treinta grados )

Otro tema es el de los escaparates. Paseo por Daimiel a las once de la noche del sábado y solo veo encendido el de una óptica, el de una joyería cuyo cierre metálico tampoco deja ver demasiado y la zona de oficinas del piso superior de Caixabank, en el que por cierto no se apreciaba actividad humana alguna. El resto...apagado. ¿Dónde está el problema?. ¿Falta de seguridad para los viandantes?, ¿en serio?. No es que sea función del escaparate dar seguridad pero es que la iluminación viaria es suficiente para garantizar ese tránsito seguro. ¿Libertad de los comerciantes?, ¿en serio?, ¿en un país donde todo se regula la libertad consiste, como la cerveza, en que alguien pueda elegir tener su escaparate encendido hasta las tres de la madrugada?

Hay algo que se olvida siempre y es que no se trata tanto de lo que uno se pueda permitir a título particular como de las necesidades que tenemos o podemos tener como sociedad, como grupo humano. Esto es como el uso del agua, habrá quien podría tener todos los grifos de su casa abiertos las veinticuatro horas porque podría permitirse pagar la factura pero como sociedad no podemos permitirnos desperdiciar ni una gota tontamente (aunque se haga) sabiendo la situación de sequía por la que estamos pasando y con previsiones nada halagüeñas de futuro. De esto van las leyes y los decretos, admitiendo lo discutible de alguna medida, la velocidad de su entrada en vigor y lo que se quiera, pero hay que ahorrar, ¡HAY QUE AHORRAR!, y esto hasta el más tonto lo debe comprender (menos si eres político, claro).

Aquí estamos con batallitas estúpidas porque no se piensa como sociedad sino que andamos abducidos a las mierdas políticas, al sesgo envenenador de unos y otros, a esa justificación merluza de algunos que piensan y dicen que para qué ahorrar ellos si no servirá de nada si otros no lo hacen y que en realidad significa que no están dispuestos a hacer ningún esfuerzo y que sean los demás los que arrimen el hombro, "unos por otros y la casa sin barrer" que es la frase que nos suele retratar. Esa es la España retrasada durante siglos porque nunca seremos capaces de aprender, la que se fija en si están encendidos los escaparates en vez de los beneficios que para todos pueda tener mantenerlos apagados a ciertas horas.