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martes, 17 de mayo de 2016

¿QUÉ PASA CON LA ROMERÍA? (Página nº 3638)



Hace un año escribía esto, sorprendido por la escasa gente que observé en la romería en el Santuario de las Cruces respecto a tres años antes:

Este año no he podido comprobarlo porque ni mi hija, principal motivo de que me acercarse por allí, ha ido con su grupo de amigos. Pero sí que me llamó la atención los comentarios que aparecían en el grupo de facebook "Me GuStA...DAIMIEL" en los que se señalaba la escasez de personas en un día, no nos engañemos, climatológicamente perfecto para una romería.
Como no suelo quedarme en esos comentarios cuando tengo posibilidad de hablar con gente que va habitualmente anduve preguntando si ellos habían apreciado esa misma merma de romeros y, efectivamente, me confirmaron que cada año, desde hace un lustro, es notoria y notable la mengua de asistentes, no ya solo los que se acercaban para pasar allí toda la jornada sino la de los que se llegan al Santuario a estar un rato y vuelven a casa un par de horas después. Descartaban el hecho puntual y remarcaban la tendencia.
Como tengo la opción de comparar me decía una compañera que en Villarrubia también se notaba pero, por lo que contaban, no tan marcadamente como en Daimiel.
¿Y cuál podía ser el motivo?
Algunos apuntaban a la poda demencial de unos años atrás que convertía parte de la zona en hostil, aunque los romeros siempre supieron crear su propia sombra con lonas y otros elementos.
Otros hablaban de una pérdida de la tradición, pero me da que entre las muchas tradiciones daimieleñas ninguna ha mostrado esta desafección o huida tan acusada.
Hay quien apuntaba a la falta de actividades y chozos. También a que cualquier fin de semana te ofrece casi lo mismo con menos jaleo. O que los jóvenes han dado la espalda a ese "botellón" romero como alternativa. Incluso, me apuntaban, a aspectos económicos o a que, al contrario que hace años, los daimieleños ausentes ya no hacen acto de presencia cuando antes era una cita ineludible.
Ya sé que también hay quien culpa a las autoridades locales o a la junta directiva de la Hermandad de la Virgen, pero no veo relación directa para achacarles que los daimieleños, cada vez en mayor número, pasen de ir a celebrar la romería.
¿Qué pensáis que está ocurriendo?, ¿cuál puede ser el motivo o motivos de algo que ya es evidente y es que la participación se ha reducido drásticamente?

miércoles, 27 de enero de 2016

YO NO SOY MUCHO DE TRADICIONES (Página nº 3454)

Es la verdad. No sigo mucho las tradiciones, no me atraen ni les dedico tiempo, en general, aunque ni estoy contra ellas ni desconozco el arraigo que tiene entre una gran mayoría de personas y el acervo cultural que hay tras de algunas de ellas. 

Pero también creo que las tradiciones tienen su propia evanescencia y que, por tanto, cuando desaparecen hay que dejarlas estar, entender que han desaparecido por algo y que ese ser fruto del olvido tienen su propio sentido bien porque se vuelven obsoletas, carecen de enganche o ya no responden a ese valor de conservación que imprime la tradición. Vamos, que rescatar por rescatar me parece un ejercicio gratuito. Otra cosa bien distinta, claro, es que pueda estudiarse, investigarse, para que quede en los anales de la memoria lo que un día fue y tuvo sentido, pero nada más.

Igual que las nuevas costumbres que configurarán las futuras tradiciones no deben ser forzadas, fruto de un empeño por imponerlas. Las verdaderas tradiciones calan, atrapan el espíritu de continuidad de forma espontánea, natural, sencilla y terminan de hacerse un hueco en el imaginario popular.

Me viene todo esto a la cabeza a partir de ese "Baile de Ánimas" que tiene una parte de investigación y otra más de etnografía. Me interesa la primera, no me seduce la segunda. Más de un siglo después ese Baile de Animas no deja de ser un anacronismo curioso, una peculiaridad anecdótica. En otros sitios se conserva porque esa tradición sí arraigó con fuerza allí como otras desaparecieron fruto de la obsolescencia, pero en Daimiel ya no pinta nada salvo con ese carácter etnográfico que le otorga cierto valor pero que no la salvará de languidecer en el olvido que seguramente mereció.

Del pasado esperamos su conocimiento, no mucho más. El valor no es siempre recuperar sino no olvidar. Será que me interesa más el futuro, el porvenir, la natural evolución de las cosas. El pasado es un lugar acogedor para la memoria pero recrearse en él tiene mucho de rémora para progresar. Aprendemos de él pero para abordar lo que ha de venir. En ese tránsito muchas cosas quedaron atrás, olvidadas. Allí están en su lugar.


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lunes, 1 de junio de 2015

ME LLAMÓ LA ATENCIÓN... (Página nº 3161)

No suelo ir a la romería, la verdad, así que mi aproximación al tema viene porque, eso sí, de vez en cuando ejerzo de taxista y de mi hija y sus amigas para acercarlas allí y por tanto tengo una visión general de la ocupación de espacios en el perímetro del Santuario bastante puntual. Pero en esta ocasión me llamó la atención, respecto a la última vez hace tres años, la mengua de romeros, la presencia muy inferior de gente pasando este día de romería. 

No sé si el hecho era ocasional o va siendo un proceso continuado de pérdida de romeros porque, como digo, mis referencias últimas son las del 2012 y el 2015, y las horas en las que estuve allí eran las ocho de la mañana y las cuatro y media de la tarde, pero de lo que estoy seguro es que en esta ocasión había bastante menos gente que en la anterior ocasión.

Hoy, hablando con algunos compañeros que asisten habitualmente, me confirmaban que sí, que cada vez va menos gente y desde luego en nada se parece al pasado, cuando Daimiel se quedaba prácticamente vacío en esa importante fecha. Alguno de ellos, incluso, advertía que una de las causas era la escasa sombra por aquellas podas a lo "mecagüendiez" de los árboles en algunas de las zonas.

Yo no sé el motivo o los motivos pero sí que me llamó la atención y mucho recordando otras ocasiones en que estuve allí y el Santuario rebosaba de gente, de vitalidad, en lo que era una de las fiestas grandes para daimieleños y ausentes.



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miércoles, 27 de noviembre de 2013

LOS MOTES O APODOS DE DAIMIEL (Página nº 2237)

Hace unos años una compañera mía escribió un artículo sobre los motes de su pueblo, Fuente el Fresno. Lo hizo en una revista de ferias y lo cierto es que, aunque se limitaba a recoger esa tradición y a nombrar algunos de ellos, fue bastante mal acogido por muchos de sus paisanos, hasta el punto de que varios de ellos le retiraron el saludo y algunos más se lo llegaron a afear en persona. Y lo cierto es que aquel artículo, que yo pude leer antes de ser publicado, no era en absoluto insultante sino que simplemente ahondaba en esa tradición muy arraigada, por otro lado, en la mayoría de los pueblos, también el nuestro.

Yo, que provengo de un apodo con menos generaciones, recuerdo contar a mi madre una anécdota al respecto:

Una mujer la abordó preguntándole "niña, tu no eres mujer de los "Agustinillos"", a lo que mi madre repuso "no, señora, yo solo soy la mujer de uno de ellos"

Y es que a mi padre y sus hermanos les comenzaron a llamar por este apodo por ser hijos de Agustín, cosa poco original, y por tanto es un apodo sin mucho abolengo ni antigüedad, y que ya prácticamente se ha perdido con mis padres y tíos.

Lo cierto es que no me gustan mucho los apodos, e incluso cuando ahora mi madre, para tratar de identificar a alguna persona, me recuerda su apodo casi que resulta inútil en la mayoría de los casos para saber de quién me habla. Y sin embargo, hasta hace bien poco, era la forma más habitual de identificación, e incluso entre nuestros mayores era más fácil utilizar y conocer los apodos que los nombres verdaderos. Y eso, aún hoy, hace que se incluya en ocasiones en las esquelas para que sus paisanos sepan identificar al finado.

El caso es que alguien preguntaba si eso era un valor patrimonial y creo que, acaso, pertenece a esa cultura popular sin demasiado más valor que la curiosidad para entender como se relacionaban. Pero que esa curiosidad no deja de provocar cierto interés todavía cuando existen grupos en facebook que los recopilan o hilos en foros que se abrieron en su momento para inventariarlos. Y cabe, por supuesto, que mientras unos lleven a gala tener ese apodo para otros les resulte molesto y renieguen de continuarlos en su persona, porque al fin y al cabo el origen de los apodos no siempre fue inocente ni agradable.

Eso sí, yo, como persona curiosa, he mirado en ese grupo de facebook todos los apodos que allí han ido aportando y lo cierto es que la mayoría de ellos me suenan familiares, de oírlos cuando en las conversaciones de nuestros mayores aparecían constantemente mencionados.

Enlace:


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domingo, 27 de enero de 2013

DONDE SOPLA EL VIENTO (Página nº 1614)

Me llama la atención el arranque de la noticia sobre la hoguera de La Paz:

"La Hoguera de la Paz en Daimiel predice que 2013 será un buen año

"Fíjate, el humo va pá la ermita, eso es que va a ser un buen año, ya lo verás"."


Y no porque sea yo quien niegue que el año 2013 pueda ser bueno, que no lo sé, y que la costumbre y tradición diga que cuando el humo va hacia la ermita es señal de dicha bondad, que a lo mejor hasta ocurre, sino porque me parece poco creíble que la dirección del viento de una noche de enero pueda ya condicionar el futuro más o menos inmediato de los siguientes doce meses.

Creo, me parece, que tanto como creemos en la ciencia y sus avances, esos mismos que explican también como se producen los vientos y el por qué de su dirección en cada instante, más nos aferramos a todo ese animismo que concede capacidades premonitorias a hechos naturales imprevisibles a corto, medio y largo plazo. Y es que, de alguna manera, peleamos contra la ciencia cobijándonos en los mitos, las leyendas y una cultura popular cargada de presagios de este tipo que no parecen sustentarse en una base lógica por más que se pretenda empírica.

Se ve que necesitamos explicar las cosas que no entendemos otorgando a los elementos voluntades que no tienen y asignándoles capacidades de predicción basados en esa subjetividad que tanto nos atrae y con las que forjamos esperanzas, previsiones, deseos, pronósticos, que casi siempre juegan a nuestro favor.

La cultura popular tiene mucho de compendio de dichos, refranes, costumbres,  transmisiones, premoniciones, que encierran todo ese territorio mítico que lee cielos, humos, signos, y los interpreta como marcadores infalibles de lo que sucederá. Y aunque la ciencia trata de irlos deslindando, desenmascarando, algo en nosotros se resiste a que sean desentrañados y desmontados porque en el fondo queremos seguir creyendo que las cosas suceden porque tienen que suceder, como si todo estuviera escrito de antemano.


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Enlace:

jueves, 1 de marzo de 2012

ATANDO LOS PELOS AL DIABLO ((Página nº 784)



Cuando yo era pequeño esperaba este día con deseo porque o bien nos daban vacaciones esa tarde del colegio o era el propio maestro el que decidía llevarnos a toda la clase a las siembras de la Granja Escuela, junto al Azuer, para atarle los pelos al diablo.

En esa tarde cientos de chavales y adultos se llegaban a aquel lugar con idéntica intención de atar tres hierbas contiguas y alejar, de esa manera, cualquier mal augurio para el nuevo año. Y los más valientes, y si como ahora el sol acariciaba afanoso la tarde y el Azuer corría, se arremangaban los pantalones y cruzaban el río de un lado a otro.

Hay que reconocer que entonces las tradiciones tenían mayor calado que ahora y, además, se envolvían con toda esa parafernalia de supersticiones, pero para los chavales constituía un día de regocijo y juego, junto a nuestros compañeros, en el que no faltaba la merienda preparada en casa, no mucho más del celebrado pan con chocolate, o llevando unas monedas para comprarles a los torteros que se dejaban caer en tal fecha por allí con sus cestones cargados de dulces.

Por cierto, que ese era uno más de los vínculos que teníamos los daimieleños con nuestro aprendiz de río, aunque haya años en los que el aprendiz realiza un master y nos disuade de creer en tal condición. El Día del Río carnavalero, el propio Día del Ángel o el paseo muy habitual durante el buen tiempo de muchos paisanos hacia esa zona del pueblo otorgaban al Azuer un valor emotivo y referencial.

En otros lugares de La Mancha esa tradición se llevaba al 25 de abril, San Marcos, pero en nuestra localidad el 1 de marzo, Día del Ángel, era uno de esos días esperado por la chiquillería porque el Azuer nos aguardaba para ajustarle las cuentas al diablo.

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