miércoles, 9 de diciembre de 2015

"LAS TABLAS DE DAIMIEL Y SU ENTORNO", UN VÍDEO IMPERDIBLE (Página nº 3377)

Lo puedo decir como amigo o como observador estético de sus fotos pero lo hago como amante de Las Tablas de Daimiel y su entorno ya que este vídeo de José Antonio Alcázar nos va descubriendo un espacio perfectamente reconocible pero visto a través de sus ojos, o lo que es lo mismo, de su estupenda visión fotográfica. Puede que no nos hayamos percatado pero hay quien pasa por estos sitios y apenas ve, se muestra ajeno a la belleza y singularidad de nuestro entorno inmediato, y hace falta que unos ojos educados en la observación y en la belleza de la cotidianeidad nos vaya descubriendo esos pequeños tesoros que tendemos a ignorar. Y por eso creo que es imprescindible ver y guardar este vídeo que es una ofrenda de imágenes para despertarnos los sentidos y reparar en esos cielos, campos, fauna, que son todo un reclamo estético para quienes saben mirar.

Esto también es Daimiel, el Daimiel de alguien que coge a menudo la bicicleta y se pierde, sin rumbo, abierto a lo que cada espacio le pueda ofrecer. O que otras veces le hace aguardar la fecha, la luz, el instante para hacer una foto que ya tiene en su cabeza mucho tiempo antes. Sin embargo es el mismo Daimiel de todos. el de ese entorno junto a Las Tablas que se nos ofrece a todos, a veces ceremonioso, otros urgente, para que cualquiera pueda pararse a observar su extraordinaria belleza si deja que sus ojos estudien cada detalle y lo gocen o, si no, tendrá que aprovechar la oportunidad de mirar a través de fotografías como las de José Antonio y quedar fascinado por la belleza que nos rodea en cada instante del día.

Aquí tenéis el vídeo, una delicia sin duda, que es casi la mejor campaña que se puede hacer de nuestro entorno y que él ha realizado para el XXII Congreso Aefona (Asociación Nacional de Fotógrafos de la Naturaleza) en el que ha tomado parte. Todo un regalo:




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martes, 8 de diciembre de 2015

¿QUÉ ESPERAMOS DE UN HIJO? (Página nº 3376)

Cuando mis hermanos y yo eramos pequeños sé que mis padres aspiraban a que estudiáramos, que era casi lo deseado por buena parte de los padres como forma  de promoción personal y social. También guardo en la memoria la coletilla que siempre escuchaba a mi madre: "...y que no nos deis disgustos"

Solo estudié yo y disgustos seguro que todos les dimos algunos.

Después he sido padre, pero también maestro, lo que permite tener mucho contacto con otros padres y madres y conocer muchas veces sus inquietudes y deseos, y de lo que te vas dando cuenta entonces es de que lo que esperas va cambiando con la edad de tus hijos, con la implicación que se tenga con ellos y con el afán de controlar esa realidad dejando más o menos margen al propio hijo, algo que se complica porque nuestros vástagos también empiezan a esperar algo de sus vidas y a tomar decisiones que les lleve a su consecución.

Algunas familias tienden a condicionar la realidad para ajustarla a ese deseo, pretenden dirigir el camino a tomar, esquivan o tratan de forzar las tendencias de sus hijos hacia otros aspectos. Otras casi que dejan al azar y los acontecimientos lo que haya de ser, rozando los riesgos de una deriva. Pero la gran mayoría solo pretende crear un entorno estable, marcar unas bases y dejar que la naturalidad de las cosas vayan tomando cuerpo. 

Si tuviera que arriesgarme lo que esperamos la gran mayoría de los hijos es que sean felices. Y lo hacemos desde el altruismo y, ala vez, el egoísmo, porque les queremos pero también porque su infelicidad también nos procurará a nosotros preocupación, inquietud, dolor.

¿Pero qué es la felicidad? 

Hasta en eso es difícil ponerse de acuerdo. Para los padres es casi siempre poder darle los estudios que quiere; encontrar un trabajo que les guste, con el que disfruten, pero que vaya acompañado de unas condiciones para esa felicidad como es un sueldo digno, un entorno agradable, un trabajo estimulante pero que deje tiempo para todo; que pueda compartir la vida con gente que le quiera de verdad, que le ayuden, ya sean parejas y amigos, que les hagan estar centrados; que la salud sea buena y que se acuerden de nosotros, que estén cerca cuando los necesitemos.

Como hijo no tengo tan claro que la felicidad sea exactamente eso, no en lo básico (salud, trabajo, pareja o amigos) sino en la manera de concebir esos temas que tienen que ver más con el disfrute, con la realización personal, con la libertad.

Han sido y serán nuestra vida. Pero es su vida, Quieren ser felices y queremos que lo sean. Pero no nos engañemos, la visión de hijo solo se modifica cuando ya eres padre y solo poco a poco. Y cuando recuerdo a mi madre aquello de "sobre todo que no me deis disgustos" en el fondo pienso que ya soy mucho más padre que hijo y que, en el fondo, ya pienso que la quiero ver feliz y que no me de disgustos, que es como esperarlo todo y no esperar nada concreto al mismo tiempo aunque estés ahí, para lo que sea necesario, aunque ya sin capacidad de mucha influencia sobre cada una de sus decisiones.


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TANTO LUCHI, TANTO LUCHI...¡Y SE LLAMA LUCIANA! O DEL DEBATE A CUATRO (Página nº 3375)

"Tanto Luchi, tanto Luchi...¡y se llama Luciana!". 

La frase es de Gracita Morales en "La ciudad no es para mí", pero ya forma parte de las expresiones populares que metemos, de vez en vez, en la conversación para expresar a lo que se da tanto bombo para luego no dejar de ser lo de siempre. Pues eso me sucedió ayer con el debate a cuatro que tanto se ha promocionado y tanta expectación creó para luego resultar bastante anodino y no salirse ninguno de su estudiado papel, que por cierto ya lo tenemos sabido desde meses.

La verdad es que no pensaba verlo después de tanto machaque y promoción y advertía ya a mis amigos que iba a ser lo de siempre, pero al llegar a casa pongo la tele y justo va a empezar y decido entregar casi dos horas y media de mi vida a confirmar mi opinión, cosa que sucede.

Porque es evidente que todo estaba muy ensayado, muy preparado, que la naturalidad brillaba por su ausencia y, desde la primera respuesta de Soraya por la ausencia de Rajoy hasta el minuto incompleto final de Iglesias que cerró el debate apenas hubo desvío sobre el plan inicial preparado por los candidatos y sus asistentes.

¿Y que vi?

Un Sánchez flojo aunque propositivo, el más rígido y anquilosado en el discurso, con hasta las puyas, los gestos y las sonrisas más de guión forzado. No transmite, ese es su verdadero problema, carece de carisma personal y va de alumno aplicado que se sabe muy bien el papel pero no logra intensidad, emoción, comunicación. Su discurso es eso, puro discurso, sin cuajo.

Una Soraya que sabe estar, que se reconoce mejor que el escondido en Doñana, que explica bien las cosas y no le importa hacer trampillas dialécticas como intentar ignorar que desde que gobiernan ha crecido el número de nacionalistas catalanes. Tiene oficio, fuerza, personalidad, y no se iba a achicar frente a sus tres opositores que, hay que decirlo, tampoco se cebaron. Digamos que supo torear, y sin faena brillante, más bien de aliño con algún detalle de valor, salió reforzada del debate.

Un Rivera que empezó nervioso, que está en ese papel de querer gustar a todo el mundo, que se moja poco y que tiene muchísima desenvoltura en este tipo de debates. A lo tonto le gusta repartir mandobles a diestro y siniestro como dejando caer las cosas y aunque no se sale nunca del papel al contrario que Pedro Sánchez transmite bastante más, se le nota mayor convicción y empaque y sabe rentabilizar sus apariciones. Juega como nadie con la ambigüedad discursiva y con representar la otra política, la todavía limpia que puede reclamar regeneración.

Un Iglesias que es el animal político que todos reconocen, que disfruta en estos debates porque sabe que es el que crea más expectación y también más rechazo, lo que suele dar como ganador de las encuestas vía internet pero que si preguntaran por el perdedor casi estoy porque también ganaría ahí. Lo cierto es que aunque dialécticamente es rápido, ágil, también es el que más meteduras de pata comete con los datos y los números. Estuvo como siempre, sabiendo que tiene que aprovechar cada aparición porque, como Rivera, también sabe rentabilizarlas y la visibilidad, conjugada con los cambios de discurso hacia la moderación, puede hacer subir sus expectativas.

¿Algo distinto a lo que esperaba?

No, salvo quizá ese "¡paga, Monedero, paga!" del calentón de Soraya para querer contrarrestar el "¡se fuerte, Luis!" que ella misma sabía que son incomparables, se tome como se tome y me pareció la única pérdida de papeles de la vicepresidenta queriendo combatir una enorme bola de fuego con un escupitajo, aunque la rápida reacción en contestar jugara a su favor.

¿Y qué no vi?

A quien teníamos que ver sí o sí, aunque en ese formato se hubiera llevado la del pulpo, con lo cual el PP salió ganando. Pero no quita que era el, Rajoy, quien debiera haber dado la cara como candidato y que esta ausencia le pasará factura como lo del plasma.

Y después, apague la tele y me fui a acostar, que el sueño ya lo tenía empezado. Tanto Luchi, Tanto Luchi...


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lunes, 7 de diciembre de 2015

LAS HERENCIAS RECIBIDAS (Página nº 3374)

Leopoldo se enciende cada vez que sale el tema y reitera que lo estará recordando hasta el dos mil veintitantos, cuando se calcula poder amortizarla. Pero se lo dice a gente que, en todos los casos, ni estaba allí ni, en casi todos los casos, ni pertenecían a las ejecutivas socialistas durante los años de gobierno de Díaz-Salazar y Díaz del Campo ni, en algunos casos, eran siquiera militantes del PSOE. Los concejales del Grupo Municipal Socialista asumen unas siglas pero, lógicamente, no pueden sentirse corresponsables de algo en lo que han intervenido. Por ejemplo, uno puede tener un abuelo asesino y no por ello el padre o el nieto han de correr con el estigma de ser considerados culpables de lo que aquel hizo, incluso aunque asuman que les corre la misma sangre y adn, y mucho menos hacerles sentir que su destino pasa por repetir semejante crimen, y es por eso que el martilleo de Leopoldo ya solo parece desahogo personal y carece de bastante sentido ese recurso constante a la herencia recibida.

No pretendo negar, con esto, las consecuencias de gobernar bajo unas condiciones terribles por una pésima gestión económica que llega de la mano socialista pero que se originó ya antes de que gobernasen. Nadie puede dudar de que gobernar con ese lastre impide muchas iniciativas y coloca en una complicada situación a los gestores políticos. Pero también es cierto que, en general, esa situación se conocía antes de presentarse como alternativa en las elecciones del 2011 y hasta formó parte importante del reclamo de votos con los que llegaron al poder al darle cabida en los datos que reflejaban en su campaña.

Pero dicho esto, y admitiendo que lo grave, lo inadmisible, lo aberrante, es poner a las administraciones contra las cuerdas por las malas gestiones políticas y económicas llevadas por los gobernantes salientes, esto de andar constantemente con el mazo de las herencias recibidas empieza a resultar patético cuando enfrente no están los responsables.

Porque si aplicásemos el mismo criterio llevaría a que por la mera militancia hubiera que culpar al propio Leo de todos los males de su partido, lo cual sería muy injusto. Porque yo vería con malos ojos no que se culpe al partido como partido de lo que hacen sus representantes públicos pero sí echar en cara al alcalde de Daimiel de, por ejemplo, que Cospedal haya gastado casi el 80% del presupuesto antes de empezar a gobernar García-Page o que mientras estaba en funciones tomara decisiones de prolongar contratos o firmar nuevos que resultaban bastante gravosos y condicionaban la gestión del nuevo gobierno regional, práctica que se repite en muchos sitios y por gobernantes de distintos partidos pero que no deja de ser un comportamiento irresponsable y vergonzoso. ¿Qué culpa tendría Leopoldo de algo así?, ¿qué sentido recriminarle a él algo con lo que no tiene que ver y que es otra herencia recibida de las muchas que hay?, ¿qué lógica tendría que durante cuatro o más años desde el PSOE local o desde IU local le asetearan con una herencia recibida que, no olvidemos, también repercutirá en Daimiel como antes lo hizo la situación dejada por Barreda?

Por favor, dejemos ya el temita recurrente, miremos mucho más al futuro que al pasado y empecemos a darnos cuenta de que enfrente ya no están los culpables de esa herencia sino nuevos concejales que ni sabemos como hubieran obrado de haber gobernado en esos momentos.


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domingo, 6 de diciembre de 2015

TONTUNA ELECTORAL (Página nº 3373)

Humor, aunque sea burdo, para el 20-D:





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TODOS SOMOS DONANTES DE ÓRGANOS (Página nº 3372)

No deja de sorprenderme que, a veces, damos por hecho cosas que no son ciertas. Por ejemplo, yo siempre he manifestado mi intención de donar los órganos útiles que pueda tener al morir aunque siempre haya ido relegando el momento de hacerme donante o manifestar por escrito mi intención de hacerlo, y no porque me vaya arrepintiendo sino porque tampoco he tenido claro cómo se ha de hacer. Y de paso siempre he temido que llegado el caso y unas circunstancias que hicieran posible tal donación esos órganos que quisiera ceder quedaran en mi cuerpo sin utilidad alguna.

Sin embargo hoy me entero de que el tema no es así, que la ley ya establece que las personas presumiblemente sanas que falleciesen a causa de accidente o posteriormente pero a consecuencia de ellos se consideran donantes y que, al contrario de lo que pensaba, solo si han expresado su voluntad contraria públicamente o por escrito.

Viene todo esto porque hace unos días leí que en Gales se ha aprobado una ley que convierte a todos los mayores de años en donantes de órganos por imperativo legal, esquivando la propia voluntad de los ciudadanos y yo, que no soy favorable a imposiciones en otros casos pensé que sería una medida necesaria que nuestro país debería asumir. Y al indagar sobre el tema me encuentro esto:

Ley 30/1979 sobre extracción y trasplante de órganos:

3. Las personas presumiblemente sanas que falleciesen en accidente o como consecuencia ulterior de éste se considerarán, asimismo, como donantes, si no consta oposición expresa del fallecido. A tales efectos debe constar la autorización del Juez al que corresponda el conocimiento de la causa, el cual deberá concederla en aquellos casos en que la obtención de los órganos no obstaculizare la instrucción del sumario por aparecer debidamente justificadas las causas de la muerte.
En el párrafo: por aparecer debidamente justificadas las causas de la muerte.

Es evidente que en la legislación española sí se contempla esa objeción personal, e incluso que a efectos prácticos lo hace la familia aunque dicha ley no deja claro su papel en la decisión, pero lo cierto es que lo que puede causar recelo tiene un carácter más sentimental, de gestión del dolor y el luto, porque bien pensado la utilidad de los órganos de un fallecido tienen su máxima utilidad pudiendo dar una oportunidad de vida a otras personas o ayudando a la ciencia y la investigación para promover avances que puedan garantizar una mejor salud de las personas o hallazgos que favorezcan el tratamiento y cura de enfermedades. La integridad del cadáver, pese al dolor, a la consternación del fallecimiento, no sirve absolutamente para nada y no deja de ser un último acto egoísta quizá innecesario, y sé que parece duro dicho así.

He conocido a trasplantados y me hicieron perder toda duda. Pero conocí a un bebé en Madrid, cuando mi hija peleaba por salir adelante en aquella Unidad de Neonatología, que necesitaba un corazón, un corazón pequeño, ¡claro!, para salvar su vida y aquel corazón nunca llegó, y ya entonces pensé que si las donaciones de órganos no fueran "donaciones", por tanto dependientes de voluntad, mucha gente hoy estaría viva, quizá aquel bebé de Ávila hoy tendría diecinueve años y sus padres una felicidad que no pudieron alcanzar.

Poco puedo pedir desde aquí y no sé si algunos de los partidos políticos lo llevan en sus programas, pero creo que ganaríamos todos con una ley que nos hiciera a todos los mayores de edad donantes de órganos si alguna vez estuviéramos en las circunstancias que posibilitan poder dar uso a nuestros órganos cuando ya nada sirven en nuestro cuerpo.



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