Hagan la prueba, piensen marcas de embutidos y después enumeren políticos chorizos. Casi seguro que cualquiera de ustedes, me atrevo a decir que hasta tenderos y charcuteros, son capaces de recordar más nombres de políticos corruptos que de fabricantes de chorizos, salchichones y toda esa variedad de embutidos.
Suelen querernos convencer de que la corrupción política no está generalizada, que unos casos puntuales tiran por tierra la honestidad de la mayoría, pero yo no lo tengo tan claro. Sabemos de los chorizos cogidos en renuncio, de los imputados y de los ya condenados, pero ignoramos todos esos casos que saldrán como salieron los que ahora copan las noticias y de los que nada se sabía antes a pesar de que una vez descubiertos se conoce que era mucho el tiempo que venían trincando.
Luego están, claro, los que no pillan ni quieren, pero conocen y consienten, que es otra forma de corrupción que facilita que se produzcan muchas de esas corrupciones en principio más hirientes. Pero al ser descubiertos estos últimos se suele descubrir que la complacencia, la condescendencia, la vuelta de cabeza y el silencio interesado alimentaron también el botín.
Y están los que vinculados al poder, sin ser políticos, lubrican todas o la mayoría de corrupciones o se aprovechan de ellas sacando claro rédito de esa política sucia.
También están los verdaderamente honestos, gente valiosa, pero que corren el riesgo de ser fagocitados por la mierda porque, a ciertos niveles, la posibilidad de tocarla es mucho mayor y toca todos los estamentos. Es triste pero de estos sabríamos nombrar muchos menos que marcas de embutidos.
Los chistes ahí circulan. Estos dos, entre otros, andaban hoy de móvil en móvil por la ruta whatsapp. Son devastadores pero la gente ya los acoge con terrible normalidad. Hemos llegado a la idea general de que los chorizos campan a sus anchas porque quienes tendrían la responsabilidad de luchar en contra de que esa idea prosperase hacen poco desde los partidos, poco desde la legislación y poco desde la acción política que favoreciera la lucha contra tanto chorizo. Solo lo harán cuando vean peligrar su estatus, su situación, porque hace tiempo que perdieron el respeto por la gente sin entender que acabarían perdiendo el respeto de la gente a la vez. Hablan de regeneración pero tratan de bloquear cualquier iniciativa real para conseguirla porque solo pretenden calmar los ánimos, volvernos a nuestro natural pastueño y proseguir. Pónganle las siglas que quieran, se deshacen en palabrería y buenas intenciones pero a lo más que aspiran es a expulsar a los pillados o animarles mejor a que les pidan la baja en los partidos, y a seguir lo mismo hasta que se descubra otro pastel. Y claro a enumerar los casos del contrario como si tener menos chorizos en plantilla fuera un mérito importante.
España es una vergüenza política desde hace décadas porque la historia de este país también lo es de sus numerosísimos casos de corrupción, algunos perdidos en esa espesura judicial que también ayuda al pastoreo y la desconfianza. ¿Quién cree que esto va a cambiar a partir de lo que puedan hacer quienes no la han perseguido o incluso la han amparado, por no decir que la han perpetrado? Ese el el verdadero problema, que no nos lo podemos creer como refundadores o regeneradores y sin crédito nadie se tomará en serio la necesidad de impedir que esta deriva se siga produciendo.
Nos quedarán los chistes, esos que retratan exageradamente a un país empeñado, cada vez más, en asemejarse a su propia caricatura:
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