domingo, 8 de noviembre de 2015

"PROFUNDAMENTE RELIGIOSO" (Página nº 3333)

En ocasiones, cuando se habla de los escándalos políticos, se acompaña la reseña del personaje señalando que es alguien de profundas convicciones religiosas. Lo he leído con Jordi Pujol, con Bárcenas, con Rato, con Jaume Matas, con algunos de los implicados en casos como el del Palau de la Música, la Gürtell y otros escándalos, o con alguno de los imputados recientes de las comisiones pagadas por empresarios a Convergencia. Y me pregunto qué sentido tiene esa referencia y a cuento de qué se utiliza.

¿Acaso se pondera como un agravante?, ¿o acaso como un atenuante?

Resulta de verdad impropio meterse en esta serie de cuestiones cuando se pretende informar de una persona implicada, a veces imputada, porque son los actos los que constituyen el peso del posible delito y no sus convicciones en uno u otro sentido.

No sé que se pretende transmitir pero sí que, ya puestos, cuando alguien es procesado indicar su confesionalidad y la categoría de sus convicciones religiosas no se corresponde con lo que ocurre con quienes no las tienen. Jamás he leído acompañar la reseña diciendo que alguien, en parecidas o iguales circunstancias, tiene profundas convicciones morales o éticas, como alternativa a quienes puedan ser ateos o agnósticos.

¿Es acaso un valor? ¿damos por hecho que quienes son religiosos tienen mayor rango en sus convicciones?

Yo creo que no, que la gente íntegra, honesta, lo es exactamente igual sea su punto de partida una convicción religiosa que una convicción en valores éticos y que, por tanto ese uso periodístico sobra. Para nada pienso que imprima carácter, per sé, la pertenencia a una religión y la participación en sus ritos como negaré que haya superioridad moral en rechazar cualquier tipo de creencia. Son los actos, vuelvo a repetir, los que terminan por retratar la catadura moral y no otra cosa, y los que dejan a la vista si se compadecen comportamientos y creencias o descreimientos.

Si roban, saquean, engañan, abusan, cobran ilegalmente, mienten como bellacos, encubren, falsifican, esconden capitales, destruyen pruebas, permiten ataques indiscriminados,  etc... deberán ser juzgados por sus acciones, da igual que sean de misa y comunión diaria, que otorguen medallas a las Vírgenes, o que nunca hayan dejado espacio en su mente ni en su cabeza a sentimiento religioso alguno e incluso lo ataquen.

La profunda convicción religiosa ni es un escudo que proteja ni un estigma sobre el que atacar. Los chorizos, los sinvergüenzas, los corruptos, los delincuentes, lo son crean o no crean. ¡A ver si nos enteramos!


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CONTRA LA LÁSTIMA (Página nº 3332)

A veces hay acontecimientos que nos conmueven, que nos hacen meditar profundamente porque resulta difícil enajenarlos a nuestros sentimientos aunque hayamos vivido casi de espaldas a ello mientras no sucedía, aparentemente, nada. Pero lo cierto es que, con apenas unos días de diferencia, en Daimiel han fallecido dos niños, grandes dependientes, y si ya es una tragedia que un pequeño fallezca aún resulta más difícil sobreponerse a esta doble pérdida de unas vidas duras, complicadas desde el mismo nacimiento, por el que ellos mismos y sus familias han luchado segundo a segundo, porque no podía ser de otra manera.

Es muy complicado acercarse a esa realidad diaria. Es más, soy consciente de que ni por asomo comprendemos lo que ha sido la vida de estos niños, de sus padres y hermanos, desde el segundo uno, y eso a pesar de que cuando nació mi hija, con apenas treinta semanas de gestación, todas las sombras recayeron en mi mente y viví la incertidumbre de cualquier posibilidad. Todavía recuerdo a una monja, asistente en el nacimiento, decirme "el parto se ha dado bien pero no deben hacerse ilusiones", las largas horas pasadas frente a la puerta de la UCI neonatal o las palabras de la doctora, al recibirme, indicando que aún era demasiado pronto para saber como habría afectado un nacimiento tan precoz. Y vuelvo a ver a todos aquellos niños prematuros, algunos con situaciones que no llegaron a superar, otros con afecciones que les convirtieron en grandes dependientes, antes de saber que mi hija no tendría ningún tipo de secuela para llevar una vida normal.

A estas familias las conocía de vista y cierto es que el primer acercamiento a su situación es de lástima, quizá el peor de los acercamientos, porque ellos, estoy seguro, no querían dar lástima, lo que deseaban era ayuda en su situación, acompañamiento, sensibilidad. Sentirse arropados por los más cercanos pero también por las administraciones, que no siempre han estado a la altura de las circunstancias, que han sido en algún momento mezquinos con estas familias sin entender que los recursos no eran caprichosos sino de una necesidad extrema.

Hace unos meses, en el colegio, nos conmovió a todos el cuento de María sobre su hermano, ahora fallecido, porque nos colocó en la situación sin escapatoria, porque nos hizo comprender el peso de ese hermano en la vida familiar y entender el amor que la movía en sus palabras. Por eso ahora, cuando escucho a muchas personas hablar de que esos fallecimientos podían terminar siendo terapéuticos para las familias, a pesar de la tristeza inicial, que podían devolverles a una vida normal, yo tenía claro que no, que les devolverá tiempo, puede que vida propia, que sabrán poco a poco ir aliviando el luto en sus vidas, pero que siempre vivirán con ellos porque se han entregado tanto, han sabido quererse tanto, que la normalidad no consistirá en lo que los demás creemos.

Ahora sí, seguirán necesitando el apoyo de los más cercanos, los padres pero también los hijos que han vivido esa impresionante conexión con sus hermanos hasta hacerlos centros de sus vidas. No necesitan lástima, que es un sentimiento odioso, necesitan que se esté con ellos, que se les acompañe en esta dura travesía que ahora les llega. La pena, la tristeza, parecen naturales ante algo así a pesar de que apenas vislumbramos su alcance, pero la lástima no hace bien, no sirve, hasta causa daño.

Solo espero que la vida les devuelva dones con los que ir superando este dolor.


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sábado, 7 de noviembre de 2015

PALABRA DE POLÍTICO (Página nº 3331)



¿Cuántas veces ha afirmado, públicamente, que su sitio estaba en la región, que lideraría la oposición en las Cortes Regionales de Castilla-La Mancha, que su compromiso estaba con la gente de esta tierra?

María Dolores de Cospedal se ha hartado de repetirlo, quizá porque nadie la creía y pensaban que a la menor oportunidad se largaría con viento fresco.

Le han bastado unos meses, pero en el fondo solo ha esperado al primer tren para darse el piro de una región en la que estar en la oposición carece de relevancia suficiente y lleva aparejada que desde el poder le den un montón de palos, de los merecidos y de los que no tanto. Así, que pensándolo bien, se apunta al Congreso de los Diputados, un lugar seguro desde la cabeza de lista de una provincia conservadora como es Toledo. Un lugar que ahora le servirá para justificar que no se va del todo, que desde su puesto velará por los intereses castellano-manchegos y, en especial, los toledanos, aunque ya sabemos, y la historia lo respalda, que los intereses que defenderá serán los de su partido, como todos, aunque entrasen en colisión con los verdaderos intereses y aspiraciones de esta tierra.

Se va por interés, por cobardía, por carencia de lealtad, por falta de compromiso, como se ve en todos los políticos de todos los partidos. Porque cuando se presentan y salen adquieren un compromiso con los votantes pero, queda claro, eso les termina por importar una mierda, que los votantes tienen fácil tragadera y propensión a perdonar cualquier traición y afrenta. Si nos representasen no harían esto pero como nos utilizan pueden y lo hacen, y es larga la lista, por cientos, de alcaldes, diputados regionales, parlamentarios nacionales, eurodiputados, que pasan de unas listas a otras como cabezas de cartel o en puestos destacados en listas electorales, sin terminar las legislaturas en los puestos para los que salieron elegidos.

¿Por qué, entonces, debemos creer en sus palabras, en sus promesas, en sus compromisos?

¿Por qué la ambiciosa Cospedal iba a ser distinta y nos iba a hacer creer lo que en estos meses, reiteradamente, se ha empeñado en decirnos sobre su identificación y compromiso con esta tierra castellano-manchega?

Ya lo sabíamos, a la primera iba a salir por patas. Para ella, como para tantos, solo somos un instrumento para su ambición. Ya sabemos, "palabra de político", no encontrarás algo de menor valor.

Recuerdo a Cospedal diciendo que cuando los dioses quieren castigar a los pueblos les envían reyes jóvenes, para referirse al lider de Ciudadanos. No, el verdadero castigo proviene de los políticos como ella, los que son ajenos al pueblo pero instrumentalizan a estos para sus propios intereses y cuando no les servimos los dejan tirados. Y no hacen faltas dioses que los envíen, ya se bastan ellos solitos.

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viernes, 6 de noviembre de 2015

CURIOSA CUESTIÓN (Página nº 3330)

El Gobierno ve con naturalidad que el Presidente del Tribunal Supremo pueda ser militante del partido político que lo promovió al cargo y que puede tener que decidir sobre temas planteados por ese mismo Gobierno pero ve intolerable que un militar, que ha solicitado su cese, a petición propia, para alistarse con Podemos, pueda hacerlo porque rompe el principio de neutralidad política.

A mí me gustaría que el principio de neutralidad política afectase por igual a jueces que a militares, que los partidos políticos y gobiernos no jugaran a promover a jueces y militares de confianza a puestos destacados, pero si no es así avergüenza la hipocresía, la doble vara de medir y el descaro de los políticos.

Es más, veo más relevante y grave que el Presidente del Tribunal Supremo sea o haya sido militante del partido cuando se le ha aupado a ese cargo que lo pueda ser un militar que ha sido relevante pero que ya ha pasado a la reserva.. No gustándome ninguna de las dos situaciones me parece que parece más grave la primera que la segunda.

Como siempre prefieren tratarnos como imbéciles en vez de comportarse como gente sería, honesta y de fiar.


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jueves, 5 de noviembre de 2015

NO HAY VERDAD MÁS ABRUMADORA QUE LA MENTIRA (Página nº 3329)

En nuestra sociedad cuestionamos desde el primer segundo la verdad. "Será tu verdad", "es que depende del punto de vista", "la verdad no es siempre lo que parece", "eso es una verdad relativa", "no sé hasta que punto será verdad".

Seguramente porque es más fácil la mentira, incluso cuando tratamos de decir la verdad, de ser sinceros. Como la verdad nos desnuda ante los demás, para bien o para mal, nos hemos acostumbrado a adornarla, a disfrazarla, para protegernos, pero también para adularnos, atacar, presumir, para no hacer daño o consolar. Y cuando matizamos la verdad lo hacemos a través de pequeñas, quizá inocuas mentiras, pero mentiras al fin y al cabo.

Decía George Orwell que "en una época de engaño universal decir la verdad es un acto revolucionario" y la frase sigue siendo absolutamente vigente, porque nos guste o no es más rentable la mentira porque podemos adecuarla mejor a nuestros intereses, nos incomoda menos y traslada la duda a los demás. Por eso uno de los actos más difíciles es admitir la verdad cuando nos afecta o nos obliga.

Estos días vemos el bochornoso espectáculo de Rossi y Márquez, de los intereses empresariales de Dorna, Yamaha y Honda, del patético patriotismo de Rajoy y Renzzi y aún más de los medios informativos españoles e italianos, capaces de ignorar imágenes y envolverse en las mentiras, acogidas con entusiasmo por los fans de unos y otros. ¿De veras importa la verdad, alguno de los aludidos iba a ser capaz de ser sinceros al cien por cien? Es evidente que no.

Pero no me llevaba a la reflexión este lance sino la película que vi ayer, aprovechando la Fiesta del Cine: "La verdad", sobre el affaire "Rathergate", una estupenda historia donde la verdad va quedando diluida ante la mentira, donde lo importante termina por sucumbir y no dilucidarse porque ya todo queda perdido entre tanta trampa y mentira, entre tanto silencio (otra forma de mentira como es callar la verdad) y confusión intencionada.

No hay que irse muy lejos, cada escándalo político español sigue esas mismas pautas, pero se extiende a todos los campos. Combatimos la verdad con mentiras porque dicha verdad no se desea, no resulta cómoda o no conviene, y por eso es evidente que no hay verdad más abrumadora que la mentira, aunque entre tanta mentira aún conservemos la esperanza de encontrar un poco de verdad.


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