viernes, 11 de diciembre de 2015

¡PERO NO LE DEJEN HABLAR, COJOPIOS! (Página nº 3383)

Cada vez que Mariano Rajoy abre la boca o no dice nada o corre alto riesgo de meter la pata hasta lo más profundo.

Venía escuchando en el coche el programa de Julia Otero cuando conectan para que Rajoy informe sobre ese posible atentado contra la embajada española en Kabul. Y, ¡sorpresa!, deja esta perla:

"...lo que parece que era una mala noticia pues al final, en fin, por fortuna no es así,  creo que no hay víctimas españolas, no era un ataque contra nosotros, aunque insisto, podría serlo perfectamente"

¿Podría serlo perfectamente pero no lo es?, ¿no ha sido una mala noticia porque las víctimas no son españolas?, ¿el policía que tiene heridas pero no son, parece, de extrema gravedad no es una víctima o no es español?

Mariano Rajoy tiene un grave problema. No tiene capacidad de hablar sin haberlo preparado antes. Cuando deja espacio a la improvisación tiene un discurso de escaso brillo, anodino, lleno de idas y vueltas sin orden, mal estructurado, con contradicciones y meteduras de pata. Es un pésimo orador si no va precedido de unos folios previos en las manos y aunque en esta ocasión le ha faltado soltar eso de que España es una gran nación y en Kabul hay pocos españoles pero mucho españoles solo cabe decirles a sus asesores: ¡pero no le dejen hablar, cojopios!

Por cierto, mientras escribía esto se ha conocido que el policía herido desgraciadamente ha fallecido.




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20 AÑOS DE RADIO DAIMIEL (Página nº 3382)


Igual que hace poco cumplió estos veinte años Daimiel Televisión se cumplen ahora dos décadas de la emisora municipal y no conviene dejar a un lado esta efeméride porque, de algún modo, sus archivos constituyen parte del patrimonio local al recoger informaciones, entrevistas, reportajes y programas que ayudan a entender parte de lo que ha sucedido en estos veinte años.

Además, por la inmediatez y facilidad de acceso a la radio se ha convertido en un buen sistema de difusión de eventos y noticias, una manera bastante directa para hacer llegar el día a día a los daimieleños, y eso suele convertir a este medio en un elemento dinamizador digno de halago.

Por lo tanto quiero hacer llegar mi felicitación por el XX Aniversario, aunque ya supondrán que no me quedaré aquí y ahora viene la parte reflexiva, crítica, sobre su pequeña historia.

Y es que al llegar a estos veinte años habría que plantearse si este era el tipo de radio que queríamos, si ha cumplido las expectativas con las que nació, y justo ese balance será el que ponga en su verdadero valor el tiempo transcurrido.

El nacimiento de un medio de comunicación municipal nunca es inocente ni espontáneo. Suele perseguir un objetivo plausible como es establecer una forma de comunicación pero envuelve otros objetivos perniciosos como el propio manejo de la información y el proselitismo. Y desgraciadamente Radio Daimiel casi nunca ha estado a salvo de estos últimos, aunque a veces se ha sabido disimular mejor que otras. pero también ha de ser un medio abierto a la participación, plural, sin censuras, y en la historia de nuestra radio municipal también se han vivido episodios cuestionables que distorsionan los valores positivos que de igual forma han ido logrando. Y es que, es una pena, la política siempre ha sobrevolado sobre la necesaria autonomía e independencia y, en ocasiones, directamente ha regido su dirección, puesto que los políticos no suelen sustraerse a su puñetera manía de control interesado, de tutorizar perfiladamente las vías para informar.

Quizá sea esto lo peor de nuestra radio local, a pesar de sus virtudes, que por supuesto tiene, y lo único que tiñe de grisura este feliz aniversario en las ondas. Los medios con los que se cuenta son los que son y el personal cada día sacan sus emisiones dignamente, pero cuando uno piensa en lo que quería que fuera esta radio, en las expectativas que tenía en sus comienzos, posiblemente eche en falta cosas que serían imprescindibles para que el balance saliera todo lo satisfactorio que era de desear.

Todavía hay tiempo, claro, pues deseo que lleguen otros veinte años y luego veinte más, pero conviene que se persiga una radio de todos, para todos, y cuanto mayor autonomía exista mejor. Y puede que la creación demorada por años del Consejo Municipal Audiovisual fuera una buena oportunidad para que las luces fueran todas y las sombras ninguna.

¿ME LO PARECE A MÍ, O...? (Página nº 3381)

¿Me lo parece a mí, o la esposa de Pedro Sánchez tiene un deseo de notoriedad exagerado?

No sé por qué pero me llama mucho la atención la omnipresencia de Begoña Sánchez durante la campaña y no en ese papel discreto que solían asumir, previamente, las aspirantes a "primera dama", expresión horrible por otro lado, antes de alcanzar ese papel.

Por ejemplo ese trolleo chupa-cámaras del debate en El País:


O ese colocarse de fondo en la entrevista al final del debate a cuatro en Atresmedia:



En general, ese dejarse notar constante, en plan "porque yo lo valgo", que nada tiene que ver conque asista, como sucede con otras, a los actos de campaña aunque prácticamente ni se les vea. Y me da igual si respecto a candidatas fueran sus parejas los que quedaran en esa discreción irrelevante porque no se trata de concentrar la idea que se trate del papel de las mujeres de los líderes sino en lo llamativo de ese afán de notoriedad que, al menos a mí, me parece que la caracteriza.

¡Serán cosas mías!

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jueves, 10 de diciembre de 2015

¿PARA CUÁNDO UNA REFORMA ELECTORAL? (Página nº 3380)

Pero no la del PP, que trata de primar a los más votados, distorsionando la voluntad global de los votantes. o la del PSOE que juega a dos bandos, entre la conveniencia y aparentar cambio.

Los que defienden este sistema son sus principales beneficiarios, los dos partidos más votados. Lo hacen, dicen, en aras de dar estabilidad a la gobernabilidad del país pero, eso no lo dicen, solo favorece el bipartidismo, relega y minimiza la proporcionalidad representativa del resto y favorece mayorías absolutas convertidas en rodillo arrogante con poco más de un tercio de votos.

El PP quiere reformar para conseguir que sus votos valgan más, pero bastante más de lo que valen ahora, y hasta ignora la Constitución cuando pretende premiar la mayoría simple con el derecho indiscutible a ser quienes gobiernen inventando eso de que la mayoría quiere que sea así. La mayoría siempre ha sido la mitad más uno y aunque hablen de pactos de perdedores lo cierto es que, de producirse, que va a ser que no, su respaldo superaría con creces el número de votos de la fuerza más votada.

Pero con todo eso esto no es lo peor. Lo terrible es que a pesar de votar los ciudadanos quedan completamente excluidos después porque no elegimos a nuestros representantes sino solo un número determinado de cargos plegados a los intereses de su partido y que se moverán, a partir de ese momento, bajo las directrices y objetivos partidistas aunque puedan ir contra los intereses de la zona donde han sido elegidos, y para conformarnos nos dirán que cuatro años después les podremos quitar si nos decepcionaron. No elegimos pues a quienes nos representen sino que solo facilitamos un número de peones a cada partido que correrán a ignorarnos, que se someterán a la disciplina de partido y que aceptarán sin duda ese gregarismo silencioso y solo roto para cantar alabanzas a sus superiores. Y mientras eso no cambie subrogamos la democracia a una suerte de partitocracia usurpadora.

No, necesitamos una reforma que vincule a los representantes con sus representados, que obligue a escuchar y a decidir en función de los intereses de los votantes, que dé autonomía a los diputados. Una reforma que muestre la verdadera proporcionalidad del voto de modo que vaya igualando su valor. Una reforma que vaya hacia las listas abiertas para saber a quienes se respalda de verdad y quienes se esconden tras el bulto del partido. Una reforma que apueste por la verdadera democracia.

Una reforma siempre postergada porque solo ganarían los ciudadanos y perderían los partidos.


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miércoles, 9 de diciembre de 2015

YO HABÍA TENIDO LA MISMA IDEA (Página nº 3379)

Un pobre imbécil no parece preocupar a casi nadie.

Un pobre imbécil con dinero ya puede ser un peligro público.

Un pobre imbécil con dinero en Estados Unidos puede ser hasta Presidente.


Son los riesgos de la democracia que no puede garantizar casi nunca la elección de la excelencia intelectual y política y posibilita que un tipo como Donald Trump, pero también algunos otros, puedan optar a gobernar el país más poderoso del mundo (de momento) a través de un discurso delirante que exprime el odio a la diferencia, al extranjero, a la mujer y al pobre.

Por eso cuando me he enterado de que en Reino Unido se había creado, en un sitio web oficial de peticiones creado por el gobierno británico, una petición para denegar la entrada en el país a Donald Trump y que ya han respaldado más de 300.000 británicos me he dicho, "justo lo que yo pensé al oír la noticia, que deberíamos prohibir todos los países que semejante elemento pueda cruzar las fronteras de cualquier territorio que no fuera ese Estados Unidos que él concibe. Claro que, también allí, gente como el CEO de Amazon, ha propuesto, con buen criterio, mandar a Donald Trump al espacio exterior, donde seguro que no le molestará musulmán, latino o asiático que tanto parecen fastidiarle.

Abomino de los políticos que explotan los bajos instintos, que exprimen los prototipos, que favorecen los prejuicios, que propagan el odio indiscriminado, que inducen al miedo y el rechazo a la diferencia, que martillean con sus virulentas manifestaciones apelando a lo peor del ser humano para conquistar el poder. Por higiene mental y social debería prohibirse, por peligroso para la salud, que semejante fantoche pudiera traspasar las fronteras americanas sin cuarentena previa si los propios americanos son capaces de atajar esa infección.

¿No quiere muros y fronteras? Pues sería buena medicina para él y, por coherencia, debiera ser de su gusto también.

Bueno, me he decidido, un poco en tono de humor, a lanzar una petición de change sobre el asunto:


 Sería estupendo declararla "persona non grata" en España. Total no hay nada bueno que nos pudiera aportar.

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LA VERDAD OS HARÁ LIBRES O DE LA TENDENCIA A LA OCULTACIÓN CÓMPLICE QUE TERMINA POR SALPICAR A TODO EL COLECTIVO (Página nº 3378)

Leo hoy en la prensa que el obispo de Mallorca ha sido llamado a Roma para dar explicaciones sobre su comportamiento por haber roto el celibato, aunque el obispado niega tal cosa y explica que ha viajado al Vaticano por otros temas de tipo patrimonial. Lo cierto es que, cuanta el medio, la denuncia fue presentada en su momento por el marido engañado incorporando grabaciones de llamadas y fotos obtenidas por una agencia de detectives por él contratada.

El caso es que el escándalo está servido y la decisión puede conocerse en unas semanas y ante este hecho, u otros, sucedidos no solo en el ámbito de la Iglesia sino en otros donde los implicados están bajo decisión disciplinaria superior cabe reflexionar algunas cosas.

En principio debe quedar claro que el comportamiento de uno o varios individuos, por sí mismo, no ha de servir para cargarlo sobre el colectivo. No es justo que comportamientos individuales sirvan para castigar a un colectivo generalizando comportamientos que pueden ser excepción. Un político corrupto,un cura pederasta, o un maestro o un médico abusadores, un juez prevaricador, un policía criminal, un notario falsificador, etc..., incluso cuando se dan en más de un caso, no son necesariamente índice del colectivo y han de responder solo por sus actos individuales. Creo que eso está claro. En el caso de este obispo denunciado por romper el celibato y mantener relaciones continuadas con una mujer casada, según los medios que se hacen eco de la noticia, solo es atribuible a él lo realizado aunque sepa de antemano que por su relevancia dañará injustamente a su colectivo y quedará expuesto por quedar de manifiesto que su comportamiento va contra lo que representa y por tanto contra la naturaleza ejemplarizante que debería guiarle.

Pero en el párrafo anterior inicié con un "en principio" y eso se debe a que hay que distinguir lo que ocurre después. Si la institución, conocido el caso, actúa de modo honesto facilitando que se conozca la verdad y no ocultando la información, si muestra una voluntad de atajar las conductas de modo ejemplar y no vulnera, con el silencio o la inacción, el natural castigo disciplinario, entonces dicha institución no debe ser señalada. Pero si incurre en el error de salvaguardar las conductas, de taparlas, de enmascarar, negar o encubrir esos actos entonces la institución facilitará que las generalizaciones se extiendan encontrando cierto motivo y ya no será solo el acto individual del individuo sino otra cosa bastante peor, como por ejemplo, lo que sucedió en otros momentos con la Iglesia cuando las primeras denuncias por pederastia y que eran permanentemente desoídas por la jerarquía o cuando los partidos salían en tromba a amparar a sus chorizos corruptos negando la mayor, sin entender que eso les hacía tan responsables del daño como si lo hubieran hecho ellos mismos y, de esa manera, destrozaban de paso la imagen del propio colectivo al mostrarse permisivos o indulgentes con los miembros de su colectivo que habían tenido un comportamiento deleznable y delictivo.

En ese ámbito es normal reconocer el descrédito de esos colectivos, sean instituciones religiosas, partidos políticos, colectivos policiales, jurídicos, sanitarios, educativos. Y por ello urgente aceptar que ante cada caso lo único que conviene es actuar con prontitud, colaboración con la justicia, contundencia si se demuestra lo hecho, porque la gente percibirá que esas instituciones están del lado de la verdad, de la honestidad, de la dignidad y la conciencia del deber y que quien la hace la debe pagar responsabilizándose de su comportamiento. Desgraciadamente aún no es así en muchos casos y la lealtad mal entendida o tratar de evitar que salpique ampara comportamientos de complicidad que terminan volviéndose contra ellos.


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