Después de estos últimos días navideños hoy podemos decir que comienza el famoso 2015, ese en el que el Gobierno hipoteca todas sus esperanzas y bazas electorales y en el que pondrán todo el interés proselitista para convencer a los decepcionados y a los dubitativos, Al otro lado el pesimismo del resto pues cualquier buena noticia económica creen que debilitará sus opciones de mejorar resultados.
Mientras los primeros alardean, en todos los sentidos, de las cifras de 2014 los otros les recuerdan que siguen siendo peores que las que se encontraron en diciembre de 2011, cuando llegaron al poder.
En medio, por supuesto, estamos los ciudadanos, ya baqueteados en estos bailes de cifras, sin que percibamos el aroma de la recuperación ni nos creamos el desastre que contrarresta el optimismo gobernante. Puede que se llegue a apreciar algo de luz al final del larguísimo túnel pero tampoco advertimos demasiada realidad en la euforia que nos quieren vender. Entretanto lo qué sí es notorio es el bombardeo de mensajes en uno y otro sentido, el disparate ruedaprensista de proclamas y titulares y el descaro ideológico de los medios para ponerse mirando a Cuenca siguiendo los intereses empresariales.
Eso sí, hay elecciones, y eso significa que se harán esfuerzos que en otros ejercicios no se hacen para captar votos y que suelen traducirse en algo de oxígeno económico para muchas familias. Se hace siempre por la misma razón, que ahora sí toca, aunque no puedan admitirlo, porque se juegan renovar mandato, pero aunque es una trampa típica de tahúr del Mississipi bien está si alivia la economía familiar y solo cabe a cada cual discernir estos gestos y saber cómo deben gestionarlos a la hora de respalda unas u otras políticas.
El año será muy largo. Para mí lo peor, tras lo económico, es que en esta larga travesía nos han chuleado derechos, algunos encubiertos bajo la necesidad de la crisis sin que se debieran a eso. Estamos en un país peor que en 2008, que en 2011, y esa recuperación se atisba aún más lejos que la de la propia economía y eso sí es lamentable.

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