Ha salido el nº 86 de Daimiel [Noticias] correspondiente a la Navidad de 2014 y como siempre nos aboca al mundo feliz de lo todo bonito, perfecto, bien hecho.
No debemos sorprendernos, siempre fue así, papel bonito consagrado al autohalago y la propaganda, dinerales para que el gobierno de turno exhiba lo bueno y calle lo malo, pasta metida en proselitismo.
Lo hizo José Manuel, lo hizo José y lo hace Leopoldo. Titulares sin matices ni crítica, como esa "bajada generalizada de impuestos municipales" que ni tienen el mismo espacio, tamaño de tipografía y lugar en portada que cuando se han subido porque directamente ni se menciona en esas ocasiones.
O a veces hasta noticias inventadas como aquella de la pasada legislatura en la que se afirmaba que ya habían comenzado las obras de cimentación del Teatro-Auditorio Municipal, aunque por más que mirases allí solo había un solar sin tocar, justo el mismo que más de un lustro después.
Es como si la revista se hiciera para otras localidades y se quisiera dar una imagen idílica de la localidad, pero en realidad se edita para la gente de aquí, se buzonea para quienes viven aquí, y de pronto al cuento de hadas le salen los lamparones y los príncipes azules descritos destiñen sin control. Y es que llevan décadas informando de aquella manera que es la de las alabanzas y el sentido acrítico.
Si no fuera por esos "marditos roedores" que utilizan las últimas hojas para decir que todo está mal creeríamos que estábamos ante un folleto promocional de las maravillas intrínsecas y excepcionales de vivir en el mejor lugar del mundo mundial.
Ochenta y seis números, y los que vengan, para el autobombo. La revista nació viciada y sigue igual veintitantos años después. Solo se aprende de los errores pero como en la larga existencia de la revista no se reconoce ninguno pues poco aprendizaje puede extraerse.
Ya saben, todo bonito, todo perfecto, todo genial. Bendito el mundo feliz en el que han conseguido que habitemos... a pesar de esos "marditos roedores".
