En su anterior mandato ya asomó la patita pero, por alguna razón que se nos escapa, la clase política de E.E.U.U. todavía tenía peso y agallas para embridar los dislates de este ser enfermo, narcisista y ególatra que ha hecho de la mentira una de las "bellas artes" que le devolvieron al poder. Y esta vez sí, con ochenta millones de votos recolectados del odio, las falsas promesas y las falsedades, y rodeado de un partido inútil y una cohorte de colaboradores aún peores que él, en solo un año ha corrido a cargarse una democracia, desatar la bilis, explosionar el derecho internacional y dinamitar el sentido común mientras sembraba la decepción en muchos de sus votantes e hipotecaba la credibilidad de un país que, a su modo, quería equilibrar el mundo. Y todo ello con un afán de enriquecimiento personal sin disimulo, que Washington parece el bazar y la Casa Blanca la cueva de Alí Babá.
Pero a pesar de todo ellos, los estadounidenses, le han votado y, por tanto, allá lo padezcan. Lo que no es de recibo, desde luego, es el seguidismo, la complacencia, el baboseo de Europa con este disparatado Napoleón Cheeto que me recuerda al personaje de Fernando Galindo, interpretado por José Luis López Vázquez en la peli "Atraco a las tres" diciendo eso de "Un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo". Eso y no otra cosa ha sido lo de Van der Leyen, Rutte, o los presidentes de Alemania, Francia o Gran Bretaña en un primer momento.
Europa es algo más que ser serviles con esta escobilla del váter, es poner el punto de equilibrio para que se respete el derecho internacional, también el sentido común, en la búsqueda de un mundo algo mejor que se centre en resolver los problemas reales de los ciudadanos y no en enriquecer a las fábricas armamentísticas. No estamos aquí para resolver las mierdas que se busca Israel para gloria de Netanyahu, no lo estamos para legitimar genocidios, no lo estamos para volvernos cómplices para evitar que nos puedan llamar antisemitas o tragarnos que otra postura sería avalar a Hamás, Hizbulá o Irán, todos ellos muy condenables.
No sé si Pedro Sánchez lo hará por justicia, respeto al derecho internacional o en clave electoral pero, desde luego, prefiero ese posicionamiento que el de esas otras escobillas seguidistas y lameculeras del panorama político nacional, perrillos todos mansos no sea que la escobilla Trump se pueda enfadar y nos amenace con aguantarse la respiración y dejar de respirar como los niños caprichosos de los tebeos.
Claro que siempre queda el recurso de culpar al Perro porque el inmoral, obsceno, impresentable y sinvergüeza del pelo naranja nos queda demasiado lejos y, al fin y al cabo, una escobilla de váter siempre es útil para la mierda.

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