¿Qué hemos hecho con el futuro? Anhelar el pasado.
Debe ser por eso que el creciente descontento haya terminado por devolvernos, paradójicamente, a los nostálgicos de la dictadura y la "mano dura" que, desde luego, solo sirvió en su momento para dividirnos y ahondar en las diferencias económicas, culturales y sociales. Nada resolvió el periodo infame como no lo hará ahora.
Tampoco lo hará un sistema desregularizado. Para eso no se necesitan políticos y mucho menos estos de ahora agarrados a la política desde que los destetaron y que solo juegan su liga arribista.
Tenemos problemas, claro que sí, tan graves como que ahora ya no nos hipotequemos para conseguir una vivienda en propiedad sino que ya lo hacemos (hipotecamos nuestras vidas) para poder acceder a un alquiler en una de esas diez o doce grandes ciudades donde parece estar todo el trabajo mientras el resto del país parece evanescerse en su abandono y decrepitud. Y no porque la gente no quiera vivir en ciudades pequeñas y pueblos, es que carecen de oportunidades porque los grandes núcleos acaparan toda esa oferta y castigan a sus trabajadores con las peores condiciones para llevarlos a término.
El capitalismo los ha enjaulado, ha conseguido esclavizarlos con un sueldo insuficiente siempre para abordar una vivienda digna y permitir que no solo el trabajo sea el horizonte en su proyecto de vida. llegar a final de mes es una aventura y aunque todos hemos vivido épocas difíciles teníamos a medio plazo una perspectiva de mejora. De hecho todos fuimos viviendo mejor que nuestros padres...hasta ahora. Porque ¿qué es el futuro, en este momento, para la gente de 20 o 30 años? Muchos no ven que vaya a cambiar nada en las próximas décadas, que fían todo al ahorro escaso o tratan de disfrutar con sus posibilidades diezmadas a costa de llegar siempre con la lengua fuera. Y hablamos de gente que trabajan.
¿Y la política qué ofrece? Se necesitan viviendas no especulativas, accesibles a los sueldos o con alquileres razonables. Resolver un problema respondiendo a un derecho constitucional. Pero los políticos se han lavado las manos desde hace años, proclaman, venden motos electorales y todo sigue igual o peor. No se trata de regalar viviendas sino de facilitar el acceso de modo que el coste de esa adquisición o alquiler no se coma los ingresos de las personas y familias, blindar el derecho a vivir con dignidad bloqueando la especulación. Quien quiera hacer "moralejas" que las haga, que tienen su público, pero que las administraciones tengan la prioridad de satisfacer una necesidad y una demanda ciudadana que no puede optar a esos precios disparatados producto de los especuladores.
No es que se trate de sembrar el país de viviendas sin ton ni son sino de regular un mercado que tiene prioridades y también nichos de interés. Uno de estos es el social, que a los ayuntamientos no les genera tantos ingresos y por eso lo han abandonado en favor de los inversores y sus trágalas. Y si no hay respuesta quedará la calle y su mayor o menor fuerza para cambiar las cosas porque la calle, desde luego, puede ser una brisa momentánea o un huracán que se lleve por delante a tanto incompetente político.


