martes, 11 de enero de 2022

ME DECLARO ANTI-ANTIVACUNAS (Página nº 3094)

 Que conste que respeto la decisión de vacunarse o no de acuerdo a que, en España, el acto de vacunarse no sea obligatorio y entendiendo, además, las circunstancias de orden médico que puedan darse en algunos casos para no hacerlo. Otra cosa es estar de acuerdo con esa decisión pero no me compete a mí entrometerme en las decisiones personales de los demás. Allá cada cuál con su conciencia, con su empatía hacia el resto y su responsabilidad social, que aunque se pretenda negar, está ahí claramente explícita.

Una vez dicho esto lo que ya no me parece respetable es ese proselitismo idiota que pretende sumar adeptos a la causa de los antivacunas a partir de mentiras, estupideces y violencia, como se están viendo en algunos casos. Ese retorcimiento argumental que no resiste el mínimo análisis.

Ya ven, algunos satanizan la vacuna con historias de "chis" o "g-5" o diciendo que si te crecen las tetas o directamente te hacen estéril o infecundo pero ofertan beber lejía o tomarte por vía oral tu propia orina como remedio infalible para curar el coronavirus que, curiosamente, al mismo tiempo niegan que existan. Y, curioso, casi todos ellos piden ayuda económica para "sufragar" la lucha cuando no, como en otros casos, se ponen a vender "orines sin coronavirus", "semen de antivacunas" o "lejías Conejo rebajadas con agüita de grifo. ¡Claro, y perdonen el sarcasmo, deploran la ciencia oponiendo la creencia porque ni tan siquiera pueden fundamentar decentemente sus "productos profilácticos!

Imaginen, cuatro a lo Torrente:

- ¿Os habéis vacunao? 
-¡Noooo!
-¡Pues vamos  a hacernos unas pajillas y vendemos el semen por internet bien etiquetao!
-¿Entonces dejamos de vender lejía?
-¡No, es que de momento hemos agotado existencias pero podemos echar un chorrillo en las botellas que tenemos la vejiga a tope!
-¡Fetén, y la ganancia a pachas!

¡Qué quieren, yo entre la evidencia y la creencia lo tengo claro y prefiero fiarme de un sistema inmunológico reforzado por una vacunación que fiarlo a darle a la zambomba de cuatro desalmados si no directamente imbéciles.

Y luego están los famosos, esos seres de luz iluminados por no sé qué cegadora ciencia infusa y que abanderan las nuevas revelaciones. O los que se suben a lomos para alcanzar una fama que de otra manera no tienen. Nunca creerán porque no están dispuestos a creer y esa es la forma más evidente de ignorancia.

Finalmente están los peores, los que manifestándose antivacunas o negando habérselas puesto ya van por la tercera dosis a cuenta de que la mentira, la hipocresía y la impostura les da rédito porque son un pelín más listos que de los que se rodean.

Es lo que veo y pienso, son formas tan extremas e irracionales que ya llegan a convertir a un idiota en héroe, y volvemos a tener ese maravilloso "traje del emperador" del cuento aunque, en realidad, el tal emperador vaya en pelota picada.

Lo siento, ante este tipo de antivacunas yo me declaro ANTI-ANTIVACUNAS.

Por cierto, mi más efusiva solidaridad con todos los vacunados del mundo.

jueves, 17 de junio de 2021

AGRADECIENDO LA INERCIA (Página nº 3903)

 Cuando en septiembre de 2016 dejé de escribir este blog había llegado a los dos millones de visitas, creo que todo un logro para un bitácora de temática local principalmente. Menos de cinco años después, y con solo dos entradas escritas en torno a la pandemia y las vacunas, me encuentro que ha sumado medio millón de visitas más, lo cual es incluso maravillosamente excepcional para un blog inactivo.

Todavía hay algunas personas que me reclaman volver a escribir en el blog y no sé si es que pasan a diario para ver si alguna página nueva aparece, como ésta misma. Les digo que no, que lo dejé aunque muchas veces sienta la tentación de escribir. Pero eso no quita que quiera agradecer ese medio millón de visitas digamos que por inercia que ha sumado Daimiel Diario desde su cierre.



jueves, 15 de abril de 2021

VACUNAS...¿O QUÉ? (Página nº 3902)

 


Ahora que todos somos un poquito virólogos, epidemiólogos y vacunólogos, sin tener ni puñetera idea de nada de las tras cosas, apuesto por las vacunas y me condeno escuchando eso de la vacuna buena, la mala y otras estupideces que alimentan la gramática parda del personal. Las vacunas son todas buenas, todas, cuando han seguido los procedimientos de aprobación necesarios, y a pesar de su bondad todas, las buenas y las buenas, pueden dar lugar a una casuística de situaciones no deseadas que terminen en defunciones y en efectos secundarios de cierta gravedad, aunque lo sean en un número minúsculo. Algunos dirán: ¡sí, pero y si te toca!, quizá entendiendo que una sola muerte ya no merecería el riesgo asumido de su ventajosa utilización, pero eso sí, olvidando las miles de muertes que el virus que se trata de combatir ya ha producido y seguirá produciendo.

Y si decimos No a las vacunas...¿cuál es la alternativa?, pregunta que dirijo a los "antis". ¿Rezar a los diversos dioses?, ¿dejar a la selección natural que haga limpieza?, ¿esconderse a la vida?, ¿beber lejía u otras sandeces?, (Dejo aquí espacio para añadir soluciones del Doctor Bacterio y otras ocurrencias aún menos cómicas)

Estamos expuestos a una sobreinformación desinformada, a una fiscalización al segundo de datos que no sabemos interpretar pero que dejamos que nos lo traduzcan a manos de ignorantes como nosotros. Hoy leía que si cualquier medicamento, incluso las de uso habitual y multitudinario, hubiera seguido esa misma fiscalización al segundo hubieran provocado aún mayor alarma porque sus datos serían bastante peores y sus riesgos mayores y más frecuentes. Pero juzgamos, dejamos que nos invadan sus miedos, que los políticos jueguen a tomar decisiones atropelladas provocando reacciones caóticas y temerarias, y colaboramos con las zancadillas, los bulos y los frenesís creo que injustificados.

Creo en la vacuna, los datos avalan todas ellas, y me siento privilegiado por haber recibido una primera dosis de la "maldita" y deseo claramente que se dejen de experimentos y me pongan, cuando corresponda, la segunda dosis de la misma, la Astra-Zéneca. Vacunarme me ha hecho sentirme mejor conmigo mismo, con los demás, formar parte de ese esfuerzo por conseguir una inmunidad de rebaño que, además, protegerá a todos los escépticos, los antivacunas, los de la buena y la mala y toda esa fanfarria de gentes que desdeñan las vacunas cuando se han demostrado la única herramienta potente para dejar atrás la pesadilla.

No estoy aquí para convencer a nadie pero me apena ver que la gente no acepte esa barca de salvamento cuando se hunde el barco esperando acaso que el azar o un milagro les salve, sobre todo porque se espera que haya sitio para todos en esos botes y quedarse en el barco a punto de hundirse no deja de ser un dislate. El miedo es libre pero acaso cuando el miedo está fundamentado podría ser más comprensible, no en este caso.

Y vuelvo a mi silencio.


domingo, 29 de marzo de 2020

SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE (Página nº 3901)



Con una pandemia sale lo mejor y lo peor de la sociedad, eso está claro, pero hemos necesitado llegar a este escenario para demostrarlo.

Hace unas semanas, acaso un par de meses, solo algunos sanitarios barruntaban que este Covid-19 se nos iría de las manos y para el resto solo era, poco más o menos, que justicia poética contra los chinos por comer cosas tan raras. Pero, curiosamente, ya todos somos expertos, teorizamos sin control como si estuviéramos aspirando a obtener el Nobel de Medicina y nos olvidamos, ¡qué pronto!, de todo lo que decíamos hace apenas un mes.

Creo que hay varias realidades:

La primera, no estamos preparados para nada así, pero hemos elegido, antes que nada, buscar culpables. A los españoles se nos da muy bien esto. Pero la culpabilidad preferimos encontrarla parcialmente, casi siempre en la acera de enfrente y casi nunca entre los afines, algo muy español también.

La segunda, también hemos buscado héroes, los necesitamos, y es fácil encontrarlos aunque simplemente ya deberíamos considerar así a quienes, como mínimo, cumplen las normas personales y colectivas ante una situación de alarma como ésta. Qué no considerar entonces a quienes están poniendo su salud y su vida en juego para sacar esto adelante, para mantener rodando el sistema incluso bajo mínimos, para quienes están aportando poco o mucho, pero siempre algo, para ayudar en estas circunstancias. Sí, son héroes, y aquí parece que, al menos en parte, se diluyen los colores partidistas.

La tercera, que nunca podemos esperar lo mejor de todos y por eso hay otra clase de villanos que siempre asoman: los oportunistas, esa gente que nunca descansa para obtener ganancias económicas y especular, los que pretenden obtener rédito político de la situación hablando con la boca pequeña de lealtad pero siendo unos auténticos hijos de su madre en sus declaraciones, los que han decidido a menor escala asolar las redes sociales con bulos, con noticias parciales y tendenciosas, los que de este mar revuelto solo pretenden proselitismo y niegan en los suyos las acusaciones que hacen contra los demás.

Yo lo veo así: gobernase quienes gobernase se hubieran visto superados por la pandemia. Todos hubieran terminado pareciéndonos incompetentes, porque desde el sillón de casa lo fácil es señalar y etiquetar. Ahora decimos que faltó prospectiva, que nunca se trabaja con visión de futuro y prevención. Olviden los colores, en cualquiera de las comunidades autónomas donde gobiernan y/o han gobernado diversos partidos no existía esa previsión, no existía una política de almacenamiento, de gestión de este tipo de crisis, de equipamientos suficientes, de apuesta por la investigación, en definitiva, por nada que pudiera pillarnos mejor preparados para la irrupción de estas enfermedades. ¿A qué viene acusarse unos a otros si a las espaldas todos llevan la nada en prevención y prospectiva?  Es más, todas las comunidades autónomas realizaron recortes en sanidad y en investigación, favorecieron la fuga de cerebros y, sin saberlo, nos desprotegieron. Y los que no han gobernado hace un mes daban recetas para la pandemia tan ridículas que menos mal que no nos han pillado en sus manos.

Claro que se han hecho mal las cosas, claro que se ha infravalorado previamente incluso por los científicos y los médicos en muchos casos, claro que nos ha superado porque lo que se necesitaba ahora en equipamiento y materiales es lo que está reclamando todos los países y eso complica el abastecimiento, pero la realidad es que ya no nos vale lamentarnos y sobra la mierda política, que lo que deberíamos hacer es sumar, ayudar, apoyar en la medida de nuestras posibilidades para que pronto salga el sol esperanzado, para que la gente vuelva a sus trabajos sin miedo, para que los chavales y chavalas llenen las aulas, para que los enfermos de cualquier enfermedad puedan volver a sus seguimientos que lo necesitan. ¿Y después? Por una vez que los políticos no sean políticos, es decir cortoplacistas y miope, y empiecen a no estar tan pendientes de las medallas personales, las encuestas y las urnas, y comiencen a mirar a lo lejos, preparando a este país, al mundo, para que la próxima (porque habrá próximas) nos pille en mejores condiciones de afrontarlas.

Y sin que sirva de precedente rompo mi silencio en este blog con esta entrada y vuelvo, de inmediato, a callarme y quedarme en casa trabajando, que posiblemente sea mi mejor y única heroicidad vital.

martes, 20 de septiembre de 2016

¡ ESO ES TO, ESO ES TO, ESO ES TODO AMIGOS ! (Página nº 3900)

Ha llegado el momento de decir adiós, de cerrar este Daimiel Diario y de acabar con Tótem. Han sido muchos años, cerca de una década, realizando blogs con temática principalmente local pero, sobre todo, ejerciendo una responsabilidad crítica, a veces creo que necesaria, porque tendemos al desacuerdo pero también al silencio, y ante eso, como dice una de las últimas canciones de Loquillo, "yo, como Unamuno, contra esto y aquello", prefiero decir lo que pienso.

No hay un motivo necesario para cerrarlo, la verdad, es simplemente que debo parar, dejarlo ir y abordar otros proyectos más personales y de menor exposición pública. Volver en parte al silencio, descansar y no alargar la hebra innecesariamente. Y dejarlo así, en su mejor momento, con más visitas que nunca y sin que empiece a ser una carga para mí.

No será fácil, ya he dicho que pienso en blog, que forma parte de cada uno de mis días desde enero de 2007 y que será costoso no enfrentarse a la página en blanco y contar lo que pienso y lo que siento, pero creo imprescindible dar este paso que ya tenía fecha hace tiempo, una vez logrado alcanzar esa barrera de los dos millones de visitas. Porque este veinte de septiembre era la fecha, un día en el que se cumplen 36 años de la mejor y más importante decisión de mi vida, y desde entonces juntos, y 25 años desde que me vine a vivir a la que es mi vivienda, ¿Por qué no para despedir este blog que tanto me ha ayudado a expresarme, a poner en orden mis ideas y a poder exponerlas con cierto orden y claridad?

No sé si alguna vez retomaré otro proyecto bloguero personal porque uno nunca sabe, en realidad, que le deparará el futuro y que decisiones tomará. Ahora, como mucho, estaré durante algunos días administrando los últimos comentarios que puedan producirse. Sí que seguiré teniendo alguna actividad en facebook pero eso ya es otra cuestión.

Quiero agradecer a todos sus visitas, sus lecturas, sus aportaciones, sus correcciones. A todos, porque en el adiós tampoco quiero hacer distingos ni menciones expresas. Ha sido un placer. Hasta siempre.

Y como cierre, porque siempre me pareció simpático ese modo de despedida, este reconocible vídeo:


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TODO EL MUNDO VA A LO SUYO, MENOS YO, QUE VOY A LO MÍO (Página nº 3899)

Esta frase humorística me la decía un compañero, hace unos días, a la vuelta de las vacaciones. 

¿Humorística? 

Seguramente no tanto. Lo vemos en la situación política, ese ombliguismo inmovilista que nos aleja de cualquier intento común de sacar la situación adelante. Si los ciudadanos quisieran que por una vez se fijaran unas cuestiones básicas para tratar de sacar esto adelante la realidad nos devuelve más de lo mismo, ese yoísmo de cada cual antepuesto a los intereses generales.

Pero ¿por qué nos extrañamos? Vivimos en una sociedad claramente egocéntrica, una renuncia al bien común como objetivo principal subordinada a la visión egoísta de cada cual. No funcionamos como sociedad, en general, porque no sentimos que la sociedad sea lo prioritario y medimos siempre en función de los intereses propios sin entender que avanzamos cuando anteponemos los intereses que nos unen y vertebran.

Lo veo constantemente. Se gobierna desde un sesgo, se orilla siempre a una parte de la sociedad, y ha calado tanto que hasta creemos falsamente que debe ser así, que ganar unas elecciones legitima para beneficiar a unos sobre otros, para recompensar a los votantes y desatender a los perdedores y que la suerte de unos y otros pasa porque ganen los propios, algo que en un sistema bipartidista estaba incluso asumido.

De ese modo nos hemos vuelto una sociedad descompuesta, mentalmente sectaria, profundamente insolidaria. No me refiero a esa solidaridad de ayuda, colaboración económica o de voluntariado referida a la pobreza, la enfermedad, etc..., claro, sino a esa otra solidaria que entiende que la sociedad tiene diferencias pero debe trabajar en mecanismos que las reduzcan y que a todos nos hace co-responsables de los demás, algo que no debiera ser de izquierdas ni de derechas sino de responsabilidad.

Pero todo el mundo va a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío. Y no hace ni puñetera gracia.


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